Confieso que tenía cierto respeto a este momento. Me daba pereza y más estando embarazada. Así que tampoco tenía una idea clara de cuándo y cómo retirar el pañal. Pero mi hija lo decidió por mí.
Me habían dicho que podía ser largo, complicado, lleno de escapes, retrocesos, dramas, “accidentes” y peleas. Así que yo iba con calma… y con cero expectativas. Especialmente porque no sabía si hacerlo antes o después de que naciera el segundo bebé.
Pero lo que pasó me sorprendió: mi hija decidió dejar el pañal a los 2 años y medio… y lo hizo en menos de dos semanas.
Así, sin planificación perfecta, sin forzar nada, sin premios ni castigos.
Solo escuchándola y acompañándola cuando mostró que estaba preparada.
Este es nuestro relato, por si te ayuda, te inspira o simplemente te da paz si estás cerca de vivir este proceso.
El inicio: normalizar sin presionar
El verano pasado (cuándo ella tenía un año y medio) compré un orinal que dejé en casa de mis padres, y una escalerita con adaptador para el váter que coloqué en uno de los baños de casa que apenas usamos.
La idea era sencilla: que estuvieran ahí, disponibles, sin convertirlo en un tema.
De vez en cuando se lo ofrecía, sin insistencia. A veces quería sentarse, otras no. A veces se sentaba y no hacía nada, y otras lo celebrábamos, aunque solo hubiera sido un intento. Eso sí, estuvo meses sin querer saber nada. El interés empezó a partir de los dos años.
Un viaje que lo cambió todo
Durante unas semanas estuve fuera por trabajo, y mi hija se quedó con mis padres.
Y ahí ocurrió algo que yo no esperaba: empezó a hacer pipí en el orinal.
No siempre, pero sí algunas veces.
Y lo más importante: empezó a interesarse, a conectar, a entender. ¡Y le encantaba conseguirlo! Así que los últimos días antes de yo volver consiguió hacer varios pipís sola y una caca (por casualidad). Me mandaron un vídeo de la primera vez y ella estaba supercontenta y orgullosa. Así que era una señal de que parecía que íbamos a empezar con la retirada de pañal.
Cuando volví, seguía con ganas. Me pedía el orinal. Prefería ese antes que el adaptador del váter. Así que puse a su alcance uno viejo que me había dado una amiga, siempre visible en mi baño. Además, cuándo estábamos en casa empecé a ponerle braguitas pañal, para que fuera más fácil bajarse y quitarse la ropa. También dejamos de llevar bodys y compramos braguitas que le gustasen, que a veces usábamos encima del pañal.
A los pocos días ella decidió no llevar pañal
En cuestión de pocos días empezó a hacer todo el pipí en el orinal, y ya no quiso llevar pañal en casa.
Un día me dijo que quería salir a la calle sin pañal… y lo hizo.
Y sí, hizo pipí en varios árboles del barrio (que, sinceramente, le parecieron mucho más divertidos que cualquier baño 😅).
La caca fue otro cantar. Para eso seguía pidiéndome el pañal, y se lo ponía sin problema. No tenía prisa. Poco a poco.
El salto: al cole sin pañal
Durante esos días pasaba todo el tiempo conmigo en casa sin pañal, y el finde también. Pero al llegar el lunes en el cole no quería hacer pipí ni en el wc ni en el orinal. Hasta que a los dos días no se lo quiso poner para ir al cole, así que le dije que si ese día hacía pipí en el wc del cole, mañana no lo llevaríamos.
Al día siguiente, empezó el cole… ¡sin pañal! Y no se le escapó ningún pipí. Solo se lo pusieron para la siesta.
No había forma de volver atrás. Solo lo usaba para dormir en la siesta y por la noche.
Y entonces, pasaron tres días, llegó el viernes y habíamos estado todo el día fuera porque eran fiestas en el pueblo. Y llegábamos a casa a las 11 de la noche, despiertas y al menos yo, muy cansada.
Y me dijo: “Mamá, no quiero pañal para dormir”.
Reconozco que yo no estaba preparada. Me parecía pronto. Me generaba dudas, cansancio anticipado, miedo a lavar mil sábanas… y además embarazada que mi cuerpo solo me pedía dooormir.
Pero ella sí estaba lista.
Así que lo intentamos. Sin protector en la cama ni nada, ya que no estaba previsto. Y obviamente, se hizo pipí, pero cambiamos las sábanas y seguimos durmiendo. Al día siguiente igual, y a los dos días estuvo dos noches sin hacerse pipí, y luego otra vez sí, y así poco a poco.
Dormir sin pañal: poco a poco, con respeto
Las primeras noches yo la despertaba antes de acostarme para llevarla al baño. Luego hubo noches en las que se despertaba ella sola y me lo pedía. Y otras (las más mágicas) en las que simplemente aguantaba toda la noche sin mojarse.
En todo ese proceso solo se le escapó el pipí una vez durante el día, y alguna que otra vez en la siesta o por la noche. Muy poca cosa para lo que yo me había imaginado.
Y así, en menos de dos semanas, mi hija dejó el pañal. Día, siesta y noche.
Mis imprescindibles para retirar el pañal
No hay recetas mágicas, pero estos pequeños recursos acompañaron muy bien el proceso y fueron imprescindibles, algunos que me hubiera gustado tener antes.
-
Orinal: en casa usé uno un poco cutre que nos habían dado, aunque no era del todo cómodo, y para la casa de mis padres compré uno que luego se convertía en adaptador del wc y escalerita. ¡Un acierto!
-
Escalera con adaptador: les hace sentirse igual que los adultos, y pueden tirar de la cadena. Además, te ahorras el limpiar el orinal. En casa solo usamos el adaptador y muchos amigos del cole lo han comprado y les ha funcionado. Esta de Amazon es la que tenemos y la más barata que encontré.
-
Libros sobre dejar el pañal: su favorito fue El orinal de Pipo porque hacía ruido, y lo íbamos leyendo de vez en cuándo. Baratísimo además.
-
Braguitas que le gustasen: elegidas por ella, con dibujos que le hacían ilusión. Corazones, perros y gatos, rosas…
-
Empapadores para la cama: tranquilidad para mí, compré un pack gigante en Amazon que la verdad es que no he usado ni la mitad.
- Cubre colchón: muy útil, para su cama y para la tuya si duerme también a ratos en tu cama. Y no tengas solo uno.
- Sábanas varias: lo mismo, ten diferentes sábanas para poder cambiarlas fácilmente, especialmente las bajeras.
-
Bragas pañal: como transición fueron bien y también para las noches.
- Bragas absorbentes de tela: no nos fueron nada bien, los días que las usó se meó más encima (de noche).
¿Qué aprendí con este proceso?
-
Que cuando están preparados, lo hacen.
-
Que muchas veces las que no estamos listas somos las madres.
-
Que forzar solo alarga el proceso y desconecta.
-
Que confiar funciona.
No hubo premios, ni tablas, ni pegatinas. Solo respeto, disponibilidad, y mucha escucha. Y para nada castigos, sino acompañamiento. La primera vez que se le escapó el pipí de día (solo le ha pasado dos veces), fue un drama para ella, estuvo casi 20 minutos llorando. Y yo la abracé, la cambié y le dije que no pasaba nada, que era normal.
Aun así, no volvió a ocurrir hasta 1 mes después, mientras jugaba en casa de un amigo. Y esa vez fue mucho más natural. No hubo dramas.
¿Fue perfecto? No. ¿Fue fácil? Más de lo que imaginaba. ¿Fue bonito? Muchísimo.
¿Estás en esta etapa?
Si estás pensando en dejar el pañal con tu peque, te diría: respira, observa, acompaña. No hay una edad exacta. No hay una fórmula universal. Pero cuando hay curiosidad, conexión y un entorno que acompaña… todo fluye.
Y si no fluye todavía, no pasa nada. No hay prisa.
Como en casi todo en la crianza, llega cuando toca
