Hoy te cuento cómo nació Leo en un salvaje parto natural sin epidural.

Traer un hijo al mundo es una aventura única, llena de emociones y momentos inesperados. Mi historia de parto natural con Leo estuvo marcada por idas y venidas al hospital, contracciones que aparecían y desaparecían, y una mezcla de nervios e ilusión que acabó en un parto “salvaje” que recordaré siempre.

Mi anterior experiencia con un parto inducido

Antes de empezar a contar este parto, empezaré hablando de mi primer parto: el de Àlex. Àlex nació en la semana 39+5 en un parto inducido ya que el último mes me subió un poco la tensión y prefirieron provocarlo por riesgo de preclamsia. El resumen es que el parto fue bien, pero no era nada de lo que yo quería.

Al ser un parto inducido lleva unos protocolos que sale de todo lo «natural» y además me presionaron mucho para ponerme la epidural, cosa que no quería ya que me daba bastante miedo. Hasta el momento aunque eran contracciones dolorosas y muy seguidas (por la oxitocina), no las llevaba del todo mal, pero al llevar más de 6h ya con la inducción, me sentía bastante cansada. Al final me la puse por recomendación de las matronas ya que me subió un poquito la tensión por el dolor… y al ponerme la epidural me bajó muchísimo la tensión, tanto que estuve dos horas más allá que acá y necesité varias dosis de adrenalina para recuperarme.

El expulsivo fue rápido y con mi ginecóloga de confianza, así que sin quejas y, aunque me desgarré de segundo grado, la recuperación fue genial y súper rápida.

Mi preparación para este parto natural sin epidural

Esta vez mi objetivo era conseguir un parto natural y desde la semana 36 estaba ansiosa con ponerme de parto por mí misma. Hice todo lo posible para adelantar el parto pero Leo no tenía muchas ganas de salir.

Además, en el último trimestre fui a clases de entrenamiento físico para embarazadas (AIPAP) cosa que me ayudo muchísimo a sentirme ágil y también a regular mi respiración para el momento del parto. Totalmente recomendable, en mi caso lo hice en el centro Origen, en Manacor. 

Mi fecha de parto era el 6 de agosto y desde finales de julio empecé a sentir alguna contracción por las noches. Pero eran contracciones fáciles de llevar y que se paraban a la media horita o así.

La semana 41 y los primeros monitores: maniobra de Hamilton

Finalmente llegué a la semana 41 y con ella a mis primeros monitores. Fui al hospital y me dijeron que tenía el cuello bastante borrado y tenía una dilatación de entre 1 y 2 cm. En los monitores aparecieron algunas contracciones aunque yo ni me di cuenta al sentirlas.

Me ofrecieron hacerme la maniobra de Hamilton o separación de membranas, y acepté. También me dijeron que caminar, subir escaleras, el sexo y el chocolate podrían ayudarme a ponerme de parto.

Y nada, me fui a casa y aunque la maniobra de Hamilton no me dolió en absoluto, esa tarde estuve un poco removida. Pero nada importante. Esto fue el 13 de agosto.

Las primeras contracciones y la falsa alarma

Al día siguiente, el 14 de agosto, estaba celebrando el cumple de mi padre cenando con la familia y empecé a sentirme un poco rara, con alguna contracción. Pero no dije nada y me fui a casa. Dormí a mi hija y empecé a sentir contracciones. En mi cabeza pensé: ¡por fin estoy de parto! Y de tan nerviosa no me pude dormir. Así que empecé a estar en la fitball, a moverme, subir y bajar escaleras… mientras mi hija mayor dormía.

A las dos de la mañana avisé a mi hermana para ir a urgencias ya que las contracciones se hicieron más regulares y pensé que ya había llegado el momento. Entre que mi hermana llegó, mi madre también para quedarse con la niña, y los 50km hasta el hospital… se hicieron las 4 de la mañana. Yo seguía con contracciones, pero, al llegar, se frenaron casi por completo. Estaba dilatada de unos 3 cm y me recomendaron irme a casa ya que el parto podía empezar en unas horas o en unos días.

Me fui a casa y al ser ya día 15, volvía a tener monitores. Llegué habiendo dormido menos de 1h ya que al llegar a casa eran las 6 y pico, y mi hija a las 7 se despertó. Y en los monitores tuve 2 contracciones muy dolorosas, pero cada 10 min, la cosa se iba frenando cada vez más.

El ginecólogo de guardia no me quería ni ver en consulta, aunque yo le pedí si podía explorarme a ver si había avanzado algo desde que me habían visto en el otro hospital. (Mi hospital de referencia está en mi pueblo y si hubiera sido inducido, lo hubiera tenido allí, pero si era natural quería tenerlo en otro de Palma para intentar parir en la bañera)

Al final me exploró y me dijo que la primera parte del cuello de útero estaba muy bien pero la segunda parte estaba solo de 1 cm. Así que me fui a casa a echarme la siesta antes de comer y… se pararon por completo las contracciones.

Tercer día de monitores y segunda maniobra de Hamilton

Llegó el día 17 de agosto y otra vez monitores. Llevaba dos días enteros sin ninguna contracción, excepto alguna cosa por la noche como anteriormente.

En monitores se vio alguna contracción, pero nada reseñable y al pasar a la consulta de la ginecóloga me dio la opción de volver a intentar la maniobra de Hamilton, y acepté.

Esa mañana me sentía revuelta como la primera vez que me hicieron la separación de membranas y, ese mediodía tenía el cumple de mi tía (sí, la mitad de la familia cumple años en agosto y a Leo le gustan los cumpleaños jajaja). Estando en la comida empecé a sentir contracciones y sin decir nada las empecé a apuntar. Las iba teniendo cada 5 minutos y bajando, así que avisé a mi hermana disimuladamente para que nos fuéramos a casa con la excusa de la siesta de mi hija.

Eso hicimos y al rato llamamos a mi madre para que viniera a echarse la siesta a casa ya que desde la primera falsa alarma mi hija dormía en su casa con ellos, y esa noche habían dormido mal. Sobre las 5 de la tarde las contracciones seguían regulares aunque no aumentaban de dolor, pero sí eran cada vez más constantes, así que volvimos a ir al hospital.

Segunda visita al hospital

A ver si adivináis qué pasó al llegar al hospital… pues sí, las contracciones se pararon, bueno se espaciaron bastante. Pasé de tenerlas cada menos de 3 minutos en el coche de camino al hospital a tenerlas cada 6 minutos en monitoresA este bebé no le gustaban los hospitales…

Me exploraron y por suerte estaba ya de 4 cm largos. Menos mal que iba dilatando si no pensarían que les estaba tomando el pelo. También me dijo que la cabeza no estaba 100% bien colocada y que una vez que se colocase bien, las contracciones irían a más.

La matrona que me atendió me dijo que mejor me daba el alta ya que justo era el cambio de turno y así cerraba ella mi historia… pero en el último momento cambió de opinión y me ofreció hablar con el turno que entraba y que decidieran ellas.

Así que esperamos media horita mientras me puse a hacer pasillos y subir y bajar escaleras… hasta que el equipo que entraba habló conmigo. La verdad es que todas eran encantadoras, la que se iba y las que entraban. Me preguntaron cómo estaba y al final al tener mi casa a 50km me dieron la opción de quedarme ingresada, volver a casa o dar una vuelta.

Decidimos salir, cenar en un McDonald’s y caminar un poco para ver si el movimiento ayudaba. Fue salir del hospital y las contracciones empezaron de nuevo a espaciarse menos y a ser más fuertes. Además, durante el paseo me pinzaba el nervio de la ciática cosa que ya me había pasado en las últimas semanas. Ya caminando las contracciones se mantuvieron cada tres minutos y bajando, y empezaron a ser más difíciles de llevar, aún así considero que las sé llevar bastante bien.

Paseando con mi hermana le dije que considero que tolero muy bien las contracciones, aunque quizás en unas horas tenía que grabarme para demostrarme que no tan bien (recuerda este momento jajaja) y cuándo vi que la cosa se animaba volvimos al hospital. Las contracciones en el coche eran cada 2:45 minutos aproximadamente y duraban 1 minuto.

De vuelta al hospital

De regreso al hospital me encontraron con 5-6 cm de dilatación, pero otra vez las contracciones parecían haberse parado. Este niño me vacilaba lo más grande. Además estaba taquicárdico perdido y se movía muchísimo. Yo estaba un poco nerviosa pero al final intenté relajarme y el niño también se relajó, pero las contracciones prácticamente desaparecieron.

Entre medias me dijeron que si seguía con las pulsaciones tan altas el bebé, no podría usar la bañera. Y más tarde volvieron para decirme que de ninguna manera podría usar la bañera por mi IMC. La verdad es que entendía los motivos que eran que si me pasaba algo no se veían con coraje de poderme sacar de la bañera, aunque considero que eso no es cosa del IMC y sí de los kg ya que una persona que mida 2 cm más que yo, con mi mismo meso, pasaría el corte del IMC y el peso para levantar sería el mismo… pero bueno. Acepté, no me quedaba otra.

Sabiendo esto me ofrecieron darme el alta e irme a casa y luego a mi hospital si volvían las contracciones o quedarme ingresada. El tema estaba que por dilatación se consideraba «parto activo», pero sin contracciones, no había «parto activo». Si me quedaba ingresada y a las 12 h no había contracciones, tendrían que inducírmelo.

Al final decidí quedarme ingresada ya que no me había gustado nada lo de las pulsaciones del bebé en los monitores y estando de 6 cm… me parecía arriesgado irme a casa. ¡Y menos mal! Las matronas me contaron que cuándo llevase 1 h con contracciones regulares cada 2,5 min aprox, llamase para ir a paritorio.

Así que me ingresaron y hacia la una de la madrugada ya tenía habitación. Mi hermana se durmió y yo lo intenté, aunque fue imposible.

Sobre las tres de la mañana las contracciones comenzaron a intensificarse y, en silencio, porque no quería despertar a mi hermana, empecé a caminar, moverme y llevarlas lo mejor posible. A las cuatro mi hermana se despertó y me preguntó cómo iba y le dije que creía que podría ir despertándose.

Le pedí que fuese a por una fitball para llevarlo mejor, pero era una pelota durísima y no podía ni sentarme. Al final decidí darme una ducha de agua caliente y ahí ya empezaron a ser muy dolorosas. Cuando salí de la ducha le dije que podíamos ir avisando… pero me dijo que no llevaba una hora. Mi hermana tan disciplinada. Imaginaros la intensidad, que le dije, 2 contracciones más y vemos. Aunque al sentarme en la fitball manché un poco de sangre y eso la alarmó y hizo que quisiera avisar.

Al final le dije que llamase porque sentía el famoso aro de fuego y mucha presión para empujar. Así que llamó al control de enfermeras y nos dijeron que llamarían a un celador, si quería camilla o silla. Yo le dije que intentaría ir andando, pero no sabía cuántas paradas hacer. Las contracciones duraban más de 1 minuto y cada menos de 2 minutos llegaba la siguiente. Y vaya si eran intensas. Mi hermana en ese momento me vaciló con la conversación dando el paseo de lo bien que las llevaba… y yo le dije con poca broma que no vacilaba y que el bebé estaba ya aquí. Que volviera a llamar y que vinieran matronas porque iba a salir ya.

Yo seguía apuntando las contracciones y la última que apunté fue a las 4:32. Guarda esta hora en tu memoria. Esa fue la última porque creo que ya no aguantaba más porque la paré a mitad contracción. Justo en ese momento llegó una enfermera y una auxiliar de planta alarmadas con lo de que tenía ganas de empujar y en ese momento…

El momento más intenso a gran velocidad: mi parto natural sin epidural

Serían las 4:33 más o menos cuando plaaaf rompí aguas en la habitación, justo cuando había llegado el personal sanitario. Yo estaba diciendo que sentía mucha presión y que iba a salir el bebé, que viniera ya una matrona porque no llegaba a paritorio… y claro al oír ese ruido y mojar todo el suelo, tanto la enfermera como la auxiliar y mi hermana dieron un chillido. Pensaban que el bebé se había caído. Yo en modo dolor intenso y notando que el bebé seguía dentro les chillé un: ¡Así no ayudáis! Y justo llegó la matrona y la residente de matronas. ¡Menos mal!

El celador ya estaba preparado con una camilla y me dijeron que cuando parase la contracción intentase subir. La verdad es que yo ni me acuerdo cómo subí, pero me dijeron de ponerme a 4 patas y mientras íbamos corriendo por los pasillos y yo sufriendo lo más grande, me quité las gafas que me estaban clavando. Solo oí, que alguien se adelante y pulse el botón de abrir la puerta. Y nada, corriendo lo más grande llegamos a paritorio, al paritorio de bajo riesgo, el que tiene la bañera. (No podía tenerlo todo, pero al menos la tuve cerca jajaja)

Según llegamos me dijeron que me pusiera de pie y si quería empujar, que empujase. Y eso hice. Mi hermana empezó a grabar y en 1:10 min nació Leo. Un expulsivo rápido, aunque se hizo lento especialmente para mi hermana ya que veía como la cabeza estaba medio fuera y le dio angustia por si el bebé no estaba bien.

Leo nació a las 4:41, sólo 9 minutos después de haber apuntado mi última contracción en la app. Fueron unos 15 minutos muy intensos, pero muy rápidos.

Me dejaron coger a Leo con mis manos según nació, y tengo que decir que me asusté un poco, porque parecía inerte y todo lleno de sangre. De hecho pregunté: ¿está bien? Pero me dijeron sí, dale dos segundos. Y enseguida empezó a llorar y vi que estaba bien. Yo le veía chiquitín pero ya me dijeron todas que era muy grande.

Una vez con Leo en brazos me hicieron tumbarme en la camilla para expulsar la placenta y ver cómo había quedado todo.

El después del parto: desgarro de segundo grado

Tras el nacimiento, pasé varias horas en cuidados y sutura. Y fue lo peor. Yo estaba preparada para parir sin epidural, pero no para lo otro… El cansancio era enorme, pero la emoción de tener a Leo conmigo lo superaba todo.

Primero cortaron el cordón cuando dejó de latir completamente. Me dejaron a mí tocarlo y lo cortó mi hermana. Después esperamos ya que la placenta tardó casi media hora en salir, y al final me inyectaron oxitocina en la pierna para ayudar. Después de ello, y aún con mi bebé en brazos sin separarse un sólo momento empezaron a ver cómo había quedado y… tenía un desgarro de segundo grado.

Al no llevar epidural ni nada de anestesia me pusieron un spray para dormir la zona, que escocía muchísimo, y después me pincharon anestesia local. Estuvieron cerca de 2 h cosiendo, porque aunque no era un gran desgarro, era difícil de coser. Entre medias llamó a una compañera para asegurarse de que estaba cosiendo lo que tocaba ya que había muchas capas afectadas, o eso me dijeron. Yo solo quería que paras en para estirar las piernas, porque estaba agotada y hombre, aunque no me dolía, sí que molestaba el que cosieran.

Al final me dejaron descansar peeeero porque tenían aún 3 puntos que darme, entre la uretra y el clítoris, y tenía que venir un ginecólogo. Cuando vino el ginecólogo me explicaron que tenían que sondarme para asegurarse de que no cosían donde no tocaba, y que me iban a dar óxido nitroso para que lo llevase un poco mejor. Vamos, que no iba a ser divertido.

En ese momento le di a mi hijo a mi hermana y también me dijeron que me tenían que poner una vía para ponerme una medicación para parar el sangrado. Yo que había conseguido parir sin vía, y al final me la tenían que poner. (Lo llevo fatal). Estuvieron casi 1 h más cosiendo, hasta las 8 de la mañana que acababa su turno, fueron muy puntuales jaja

Y bueno, fue muy intenso, pero ya por fin acabaron y pude descansar las piernas. En ese momento vinieron las del siguiente turno y me lavaron un poco, así como pesaron e hicieron los primeros cuidados a Leo. Pesó 3,825 kg y midió 52 cm. Muy grande, por eso el desgarro.

Me hicieron esperar un rato que se hizo eterno y al final pedí si podía levantarme para ir a orinar. Ahí que fue y todo bien, aunque escozor. Y me quedé de pie porque estaba cansada e incómoda tumbada. Y al estar de pie tanto rato, me mareé. Enseguida recuperé la consciencia al tumbarme y me di cuenta antes y pude sentarme en la camilla, así que no pasó nada.

Por fin sobre las 10 de la mañana me subieron a planta y ya pude darme la tan deseada ducha que estaba esperando.

Mi posparto inmediato

Los primeros días tras el parto estaba bastante bien, y más preocupada en cómo iba a llevarlo la hermana mayor que yo misma. Los puntos me molestaban y me sentía un poco más cansada que en mi otro parto, pero estaba todo bien.

Es verdad que los puntos han dado algo más de guerra que en mi anterior parto, ya que los que estaban más cerca del culo no cerraron bien y tuve que ponerme unos polvos para que cicatrizasen. Y también es verdad que a los 8 días hice un viaje de 8 h en barco y 6 en coche, y creo que no ayudaron. De hecho los dos días siguientes fueron los que me sentía peor.

Pero a las 2 semanas ya me siento bien, aunque si os cuento la verdad, aún no me he atrevido a mirar cómo «ha quedado todo» pero sí que al tocarlo no lo siento igual que antes. Habrá que esperar un poco más.

Por el resto me he sentido súper bien y aunque aún no me he pesado en mi báscula para saber cuántos kg he perdido, creo que estoy más o menos igual que antes de quedarme embarazada.

Reflexiones sobre mi parto natural sin epidural

Miro atrás y pienso en cómo cada detalle de mi parto natural me enseñó algo: la paciencia de esperar, la confianza en mi cuerpo, y la importancia del apoyo de quienes me acompañaban. No fue fácil, pero fue real, intenso y profundamente humano. Una experiencia totalmente recomendable y mucho mejor que en mi primer parto.

Cada madre vive su historia de manera distinta, pero todas compartimos la valentía de traer vida al mundo. Y aunque no todas las experiencias sean iguales, contar la mía me ayuda a revivir la fuerza que sentí ese día y a compartirla con otras mamás que se preparan para su propio momento.

Gracias a mi hermana por acompañarme en mis dos partos y gracias a todo el personal que me acompañó en este parto, por explicarme todo y sentirme escuchada en todo momento.

¡Gracias por leer hasta aquí! ¿Cómo fue tu parto? ¡Te leo en comentarios!